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Análisis

Paraísos fiscales y la ausencia de legislación globalizada

Por JAVIER CARRIZO (*) (www.GLOBALPOLITIK.org) - Parafraseando la archiconocida frase de Winston Churchill, “La democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando”, y complementándola con la no menos conocida frase del ortodoxo economista Adam Smith, “Gracias a la apelación al egoísmo de los particulares se logra el bienestar general”, podríamos concluir que tendremos democracia y capitalismo por un buen tiempo al observar lo poderoso que resultan ambos conceptos en el mundo actual.
Paraísos fiscales y la ausencia de legislación globalizada.

Por JAVIER CARRIZO (*) (www.GLOBALPOLITIK.org) - Parafraseando la archiconocida frase de Winston Churchill, “La democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando”, y complementándola con la no menos conocida frase del ortodoxo economista Adam Smith, “Gracias a la apelación al egoísmo de los particulares se logra el bienestar general”, podríamos concluir que tendremos democracia y capitalismo por un buen tiempo al observar lo poderoso que resultan ambos conceptos en el mundo actual.

Adam Smith, también nos habló de la mano invisible del mercado que autorregula la economía, a lo que Friedrich von Hayek definió más elegantemente como "orden espontáneo", que nos conduce a “una asignación más eficiente de los recursos de la sociedad que cualquier otro diseño pueda lograr”.

Ahora bien, la humanidad ha probado empíricamente a lo largo de los años que el capitalismo produce crecimiento económico y en ocasiones colabora con el desarrollo de una sociedad, por lo tanto, hasta que evolucionemos a un concepto diferente deberemos convivir con este sistema, sin embargo, se están produciendo algunas desviaciones que nos permitirían definir la existencia de otra mano invisible algo más "inmoral" que la que describe Smith, o un desorden espontáneo que magnifica las desigualdades del sistema.

Las condiciones no son iguales para todos en este mundo y "curiosamente" quienes más riquezas poseen, más herramientas tienen para hacer crecer sus posesiones en desmedro de quienes menos tienen; y esto concluye en un aumento insostenible de la desigualdad económica, tema que abordé en mi artículo anterior a nivel regional.

Cuando un operario de una multinacional recibe su salario, es probable que le descuenten el impuesto a las ganancias, en mayor o en menor cantidad dependiendo del país donde realice su trabajo. Sn embargo, el dueño de la misma empresa que emplea a este operario podría depositar su ganancia en un paraíso fiscal, es decir, en una empresa creada en un estado de baja o nula tributación y de esta forma evitar pagar impuestos en el país donde desarrolla sus actividades.

Me gustaría compartir tres párrafos del informe de Oxfam, "Una economía al servicio del 1 por ciento", para ampliar estos conceptos:

“Una de las principales tendencias que subyacen tras la enorme concentración de la riqueza y los ingresos, es el aumento del rendimiento del capital frente al trabajo. En prácticamente todos los países más avanzados, y en la mayoría de los países en desarrollo, la participación de los trabajadores en la renta nacional se ha ido reduciendo, lo cual significa que se benefician cada vez menos del crecimiento económico. Por el contrario, los dueños del capital han visto cómo éste ha ido creciendo de forma constante (a través del pago de intereses, dividendos o reservas) y a un ritmo significativamente más rápido que el crecimiento de la economía. La evasión y elusión fiscal de quienes son dueños del capital, y los incentivos fiscales que se les aplica, han contribuido a incrementar aún más sus beneficios. Como señaló el multimillonario Warren Buffett, en la práctica él paga menos impuestos que ninguna otra persona de su oficina, incluyendo a la persona encargada de la limpieza y a su secretaria personal”.

“En diferentes sectores de la economía mundial, empresas y particulares suelen utilizar su poder y posición para apropiarse en exceso de los beneficios económicos. Los cambios en las políticas que se han producido en los últimos 30 años (como la desregulación, el secreto bancario y la globalización, especialmente de las actividades financieras) han reforzado la ancestral capacidad de los más ricos y poderosos para aprovecharse de su posición de poder para concentrar aún más riqueza. Esta agenda política se ha visto impulsada principalmente por lo que George Soros ha denominado el ‘fundamentalismo de mercado’, la causa de que, en demasiadas ocasiones, los beneficios de las élites no sean en absoluto el reflejo del mérito o de unos rendimientos eficientes o justos”.

“Este sistema florece gracias a un enjambre de profesionales muy bien remunerados de la banca privada y de inversión, despachos de abogados o auditores. Solo las personas con más recursos y las grandes empresas (aquellos que deberían estar pagando más impuestos) pueden permitirse económicamente utilizar estos servicios y toda esta arquitectura mundial, para evitar tributar lo que en realidad les corresponde. En cierta medida, esto ha empujado a los gobiernos de los países que no son paraísos fiscales a competir en una incesante carrera a la baja por reducir los tipos impositivos que gravan a las empresas y a las grandes fortunas, castigando las arcas públicas. El sector bancario sigue estando en el corazón del funcionamiento de los paraísos fiscales: la mayor parte de la riqueza offshore está gestionada por tan sólo cincuenta grandes bancos”.

Un estudio de la Tax Justice Network (TJN) detalla que, durante el año 2012, las multinacionales estadounidenses trasladaron el 25 por ciento de sus beneficios a paraísos fiscales. La TJN estima que más de 21 billones de dólares estaban ocultos en paraísos en ese año y la cifra aumentaría otro 50 por ciento teniendo en cuenta no sólo activos financieros. La cantidad de paraísos se ha multiplicado por tres desde mediados de los años 70, mientras que nueve de cada diez empresas multinacionales poseen cuentas offshore.

Probablemente esto genere cierta indignación y lo realmente preocupante es que a priori es perfectamente legal y es en este punto donde fundamento el título del artículo: "La política se rinde ante el capital", porque el capital puede trasladarse entre fronteras sin mayores inconvenientes, pero las políticas económicas que determine cada país no pueden cruzar esas mismas fronteras y los organismos internacionales no hacen lo suficiente para establecer una legislación o regulación mundial tan necesaria.

Según el informe de Oxfam,  "Un Sistema aún roto": "Una solución efectiva sería exigir a todas las multinacionales que divulguen públicamente la información sobre su volumen de ventas, beneficios, impuestos y otros datos clave país por país.

La presentación de informes públicos promovería un sano debate sobre otras reformas fiscales necesarias para garantizar que las empresas tributen allí donde desarrollan su actividad económica real”. Y agrega: “En última instancia, para que la cooperación internacional sea real y efectiva, será necesario impulsar la creación de un organismo fiscal mundial bajo los auspicios de las Naciones Unidas, la única institución representativa con legitimidad a nivel mundial”.

Si bien en una primera instancia podríamos considerar que es la ONU el organismo adecuado para definir un sistema fiscal mundial debido a que todos los países se encuentran representados, la Carta de las Naciones Unidas define muchos objetivos además de la colaboración económica, y las potencias mundiales limitan el alcance de la ONU en aspectos financieros. Solo el Consejo de Seguridad posee cierta legitimización en sus definiciones, con el ¿lógico? potencial veto de USA, China, Francia, UK o Rusia.

El G20 y la OCDE comienzan a reconocer el problema de los paraísos fiscales y se encuentran estableciendo acciones, por ahora incompletas y con lentitud. Sin embargo, debe rescatarse la iniciativa del BEPS (“Base Erosion and Profit Shifting”), que tiene como ambicioso objetivo que las empresas tributen en los países donde desarrollan sus actividades. Empero, a la fecha no hay resultados concretos.

La reciente filtración de documentos de la firma Mossack Fonseca divulgados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), colocó el tema en la agenda mundial, lo que podría ser un catalizador que permita forzar el acceso a la información que mantienen prácticamente inaccesible estos estados y consecuentemente establecer políticas que limiten su accionar.

Curiosamente, pese a que los Panamá Papers tuvieron una gran repercusión, no es Panamá uno de los principales paraísos fiscales: Suiza, Hong Kong, USA, Singapur, las islas Cayman, Luxemburgo, Líbano y Alemania encabezan el ranking del índice de secreto financiero elaborado por la Tax Justice Network en 2015.

La información disponible sobre los capitales en paraísos fiscales es muy limitada, debido a la escasa exigencia de los estados que los atraen con su desregulación, al secreto bancario que protege a quienes recurren a estos métodos de evasión legales y, no en menor medida, a la inacción internacional.

En un reciente discurso Barack Obama se expresó de la siguiente forma: "Algunas de las operaciones en paraísos fiscales aparecidas en las filtraciones de los Panamá Papers son ‘legales’”, y destacó que ese es "precisamente el problema", al abogar por combatir la evasión fiscal a nivel internacional. ͙"Están aprovechándose del sistema". De alguna forma, es esperanzador que el líder político de la principal potencia mundial reconozca, al menos en su discurso, la existencia de un sistema injusto.

En tal sentido, el comisario de Asuntos Económicos y Financieros de la Unión Europea, Pierre Moscovici, anunció su propósito de contar con una lista de paraísos fiscales en los próximos seis meses y establecer las "sanciones apropiadas". La Unión Europea, por su peso específico como organismo supranacional y en su carácter de asociación económica con un sistema político y jurídico único en el mundo, pareciera tener la suficiente capacidad institucional para establecer una iniciativa firme en la lucha contra esta metodología sistémica de evasión fiscal, siempre y cuando exista una fehaciente voluntad política de los estados que la componen.

Es preocupante que líderes políticos, justamente quienes deben defender a sus sociedades de estas maniobras injustas, tengan empresas en paraísos fiscales, como sucede con al menos doce líderes mundiales entre muchos otros funcionarios públicos. Sin lugar a dudas, es un problema que empresarios y multimillonarios recurran a este tipo de maniobras para evadir impuestos, pero es mucho más grave si quienes deben establecer los límites, desde su posición de gobernantes, recurren también a estas maniobras. En este punto, sí parece viable una legislación local que no permita la participación de funcionarios públicos en empresas instaladas en paraísos fiscales, aunque el ocultamiento de la información sea un limitante que garantice su efectividad.

En definitiva, los perdedores de este injusto sistema son las empresas que tributan en los países donde desarrollan sus actividades, también las empresas más pequeñas que no acceden a estos mecanismos de evasión, por supuesto los asalariados y en definitiva la sociedad en su conjunto.

Solamente políticas globalizadas podrán ejercer justicia en un sistema capitalista ya globalizado, la ausencia de legislación mundial impacta negativamente en una presión fiscal más equitativa. Es preciso que la política económica trascienda las fronteras, como ya lo hizo hace tiempo el capital, para controlar el único sistema que hasta el momento presentó desarrollo y crecimiento pero que está evidenciando injusticas por esa falta de control y que solo la política tiene, dentro del marco de nuestros actuales sistemas democráticos, la capacidad de ejercerlo.

El 25 de septiembre de 1926 la Sociedad de Naciones decide abolir la esclavitud a escala global al firmar la Convención sobre la Esclavitud, donde en su artículo 2 determinaba que cada estado parte se comprometía a la supresión completa de la esclavitud en todas sus formas. Previamente hubo tensiones y conflictos por los intereses de unos pocos que intentaban justificar la dominación y pobreza de otros seres humanos para garantizar su riqueza. En la actualidad siguen existiendo mecanismos injustos, aunque más sofisticados y mejor disimulados, para garantizar esa riqueza extrema con las consecuencias lógicas de más pobreza y desigualdad.

Hace casi un siglo la comunidad internacional decidió poner punto final a una injusticia que en la actualidad no admitiría debate. Hoy una nueva injusticia requiere de una acción política global y contundente para establecer un acuerdo fiscal justo que permita liberarnos una vez más. (22/05/2016)

(*) JAVIER CARRIZO es miembro de Proyectar Nación, un instituto dedicado a la producción de análisis de opinión, culturales y académicos.

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