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Francia, un stop al populismo nacionalista

“Defenderé Francia, sus intereses vitales, su imagen”… “Defenderé Europa: es nuestra civilización lo que está en juego, nuestra manera de ser libres. Me esforzaré para rehacer los vínculos entre Europa y sus ciudadanos. Envío a las naciones del mundo un saludo de la Francia fraternal”.
Francia, un stop al populismo nacionalista.

“Defenderé Francia, sus intereses vitales, su imagen”… “Defenderé Europa: es nuestra civilización lo que está en juego, nuestra manera de ser libres. Me esforzaré para rehacer los vínculos entre Europa y sus ciudadanos. Envío a las naciones del mundo un saludo de la Francia fraternal”.

Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron

Por Pablo A. Gambandé (Proyectar Nación)

Palabras del nuevo presidente de Francia que muestran lo que el pueblo francés ha evitado en Europa: que llegue al poder la derecha extrema.

La Francia de Macron es el freno a la oleada de populismo nacionalista que golpeó a las primeras potencias mundiales. Es decir, a Gran Bretaña (RUGB) con el BREXIT y a los Estados Unidos (EEUU) con Trump.

Esta clase de Populismo incorpora intrínsecamente la llamada de los valores nacionales pero basados en una manipulación de los ciudadanos producida por el miedo y odio de lo que se origina en el extranjero. Esta maniobra política es oportunista ya que ejerce una transformación de la realidad a través de un discurso mentiroso que ofrece promesas de seguridad y bienestar futuro. Busca la generación de ideas simples de carácter binario: lo nuestro es bueno, lo extranjero es malo.

Ese populismo chocará con Macron. La tarea que él tiene no es fácil, pero a pesar de ello Francia permanecerá en la Unión Europea, permanecerá en el Euro, afianzará los vínculos con Alemania y con sus tradicionales socios occidentales (EEUU y RUGB), sin perder su histórica relación con Rusia y otros Estados influyentes en el orden mundial como China. Esto no quiere decir que él apoye a Trump, a May o a Putin, pero si buscará aumentar las relaciones de Francia y Europa con diferentes actores de gobierno y privados de esos países.

Macron es sistémico. Conoce el entorno, conoce los actores internacionales, conoce las relaciones de poder y tiene clara su finalidad: defender los intereses de Francia y Europa. Quiere lograr ser el representante mundial de los valores occidentales tradicionales.

Macron es idealista. Si bien habla de intereses nacionales prioriza los intereses comunitarios. Habla de unidad nacional, de crisis contemporáneas (migración, terrorismo) y de crear una Francia fuerte, pero a pesar de ello se mantiene en la Unión y en el Euro. Asume los costos comunitarios por construir un futuro más interdependiente. Por ello, en Francia lo han tildado de ser el “candidato alemán”.  Pero él entiende que la unidad europea hace a la fuerza tanto de Alemania y Francia, como a la de los demás socios europeos.  Pero se diferencia de Alemania porque defiende a la Francia del espíritu de la Ilustración. Defiende lo que él llamó “audacia de la libertad, exigencia de la igualdad y voluntad de la fraternidad”. Francia es eso: El espíritu de la revolución. Es libertad, igualdad y fraternidad.

Y Macron es cosmopolita. En relación a lo doméstico es social-liberal (concepto pragmático). Fue un socialista europeo al 100% con todo lo bueno y malo que eso significó. Hasta que al final declaró, en Agosto del 2015,  “La honestidad me obliga deciros que ya no soy socialista”. Maximiza los intereses comunitarios, es abierto a lo extranjero y acepta a la empresa.

Pero no todo será fácil para Macron. Las elecciones legislativas permitieron medir nuevamente lo tradicional con lo nuevo. Los miedos a lo extranjero, a la apertura, a la interdependencia contra lo comunitario, la buena fe, el libre mercado (controlado). etc.

Otro desafío para Macron continuarán siendo sus contrincantes políticos. Entre ellos, Marine Le Pen, quien anunció el pasado siete de mayo de 2017, la transformación del Frente Nacional en una “nueva fuerza política” que tendrá como finalidad defender a los “soberanistas” de los “mundialistas”. Es el populismo versus el cosmopolitismo. No hay que olvidar que Le Pen logró unos 11 millones de votos de “patriotas” y su primera alianza con otro partido para enfrentarlo en éstas elecciones legislativas. El resultado estuvo a la vista.

En este nuevo escenario, la Argentina de Macri tiene nuevas oportunidades. Si bien los gobiernos de ambos países ya firmaron acuerdos en Junio de 2017, los mismos son los clásicos acuerdos de cooperación pero no buscaron aumentar el comercio (1). Macron significa la oportunidad de firmar nuevos acuerdos que aumenten el intercambio comercial y busquen la interdependencia.

Ejemplo de lo anterior es la presencia francesa en Argentina. Carrefour, PSA, Renault, L´Oreal, Pirelli, entre otras, nos muestran los intereses históricos que Francia tiene en nuestro país.

Si bien, los gobiernos europeos son colaborativos con los países latinos, históricamente no han dejado de acompañar los intereses de sus privados en el mundo. Es clave por ello, pensar una política franco-argentina diferente de la que se lleva entre la Unión Europea y el Mercosur.

Según datos de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (2), el intercambio comercial entre ambos países ha ido disminuyendo año tras año y, mayormente, ha sido deficitario para la Argentina. Más allá del saldo comercial, la verdadera oportunidad es trabajar en conjunto para identificar oportunidades de negocios combinados que no solamente permitan aumentar el intercambio sino también aumenten la interdependencia.

Asimismo, la diplomacia argentina debe recordar siempre que Francia es parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y que tiene un peso particular en las relaciones internacionales actuales. La salida de Inglaterra de la Unión Europea puede ser una oportunidad para modificar la situación del reconocimiento internacional y particularmente europeo de la cuestión Malvinas.

Argentina puede ofrecerse como espacio de acogida de migrantes que llegan a los distintos territorios franceses y apoyar a Francia en diferentes problemáticas internacionales que la alcanzan, sea con Rusia, Siria o África.

Si bien, estos temas merecen un análisis minucioso, advertir el momento histórico que se abre al futuro binacional es el primer paso para lograr pequeños cambios del statu quo actual que pueden traer beneficios a mediano plazo.

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